La prioridad es proteger, observar y pedir ayuda si hace falta
Presenciar una convulsión puede resultar impactante, pero una respuesta tranquila ayuda mucho. Lo primero es retirar objetos con los que la persona pueda golpearse, proteger suavemente su cabeza con algo blando y dejar espacio alrededor. No se debe intentar sujetar sus movimientos ni introducir objetos, comida o líquidos en la boca.
Controlar el tiempo aporta información útil
Si es posible, mira la hora de inicio. Esta información será útil para el 112 o los servicios sanitarios. Cuando termina la fase de movimientos, la persona puede estar cansada, desorientada o necesitar tiempo para recuperarse. Hablar con voz tranquila, explicar dónde está y vigilar su respiración ayuda a acompañarla sin crear más estrés.
Cuándo activar emergencias
Hay que llamar al 112 si la convulsión dura más de lo esperado, se repite sin recuperación, la persona no vuelve a respirar normalmente, se ha lesionado, está embarazada, tiene diabetes, se produce en el agua o es la primera vez conocida. El operador de emergencias dará indicaciones adaptadas a la situación.
Después de la convulsión
Cuando la persona respira normalmente pero sigue inconsciente, puede ser necesario colocarla en posición lateral de seguridad conforme a la formación recibida y vigilarla hasta que llegue ayuda. Si deja de respirar normalmente, hay que iniciar la secuencia de RCP y pedir un DEA si está disponible.
Formación para no improvisar
Una formación de primeros auxilios y soporte vital básico permite practicar el papel de observador, el aviso al 112 y la coordinación de un equipo. El objetivo no es diagnosticar, sino proteger a la persona y facilitar una respuesta segura.